Sin entrar en clasificaciones finas y detalles podemos abordar y ejercitar el uso de nuestra energía. El objetivo central de este repaso es recordar su existencia y la posibilidad de manejarla elevando la plenitud de nuestra vida.
Muchas veces se nos pasa por alto que estamos experimentando una cualidad y cantidad de energía: nos sentimos seguros, exultantes, felices, animados, etc. o cualquier estado en los extremos apuestos a los mencionados; hablamos de sensaciones o de situaciones, y se nos escapa la experiencia energética que los funda.
Es una sola energía que actúa en diferentes niveles y a la que se le da diferentes nombres. Enfoquémonos por ahora en la experiencia de ella.
De acuerdo a cuanto hallamos desarrollado nuestra habilidad para manejarla podemos conservarla o perderla, acrecentarla o dejar que mengüe; con ello modificando el estado con el que encaramos la vida.
La clave es la atención (para hacer foco en ella) y la intención (para dirigirla); claro que necesitamos elevar ambas capacidades. Es parte de la experiencia cotidiana el hecho de que percibimos con más eficacia y operamos mejor en aquellos aspectos en los que enfocamos nuestra atención, nuestra energía.
Cuando atendemos nos damos cuenta que la energía actúa a nivel biológico (sobre nuestro cuerpo y sus funciones) y a nivel psíquico (sobe nuestra dinámica emocional-mental). Y en ambos niveles podemos operar elevando y dirigiendo nuestra energía con la atención y la intención.
Las prácticas físicas conscientes sirven de elevadores y de entrenamiento en el manejo de la energía. Hablamos de manera directa de los aspectos físicos del Yoga, Tai Chi, Chi Kung, artes marciales (cuando son practicadas como tales) y disciplinas similares. Estas favorecen particularmente el manejo energético, pero las posibilidades no se limitan sólo a ellas (ver nota "Actividad física creativa", más abajo).
Ciertas prácticas psíquicas son también grandes elevadores y direccionadores de energía. más allá de que actualmente puede encontrarse literatura de todo tipo sobre ellas, por cuestiones que exceden los alcances de esta nota es necesario que prácticas profundas en este sentido sean aprendidas e inicialmente orientadas por alguien con nivel humano y experiencia en ellas.
Cuando comenzamos a prestar atención a la manifestación de la energía en nosotros inicialmente solemos experimentar dos tipos de energía: una que sentimos con claridad "dentro" de nosotros y otra que nos parece pertenece al "afuera", al entorno físico o las circunstancias. Una interesante práctica en el segundo de los casos es explorar el estado y sensaciones propias, descubriendo que también en este caso la energía está en nosotros, nos es propia; en todo caso el "afuera" fue sólo el disparador. Esta es una de la maneras de acrecentar la energía de que disponemos, y aprender a manejarla.
Dijimos que las claves son atención e intención; con ellas podemos dirigir la energía a las partes de nuestro cuerpo que necesiten sanación o protección; a situaciones de la vida que requieran de lo mejor de nosotros para resolverse como queremos; o a nuestros prpósitos más elevados, para cumplirlos.
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